
Número Uno. Y esta entrada la publico antes del partido en el Pizjuán...
Sean bienvenidos a este mi espacio de libertad donde hablaré de mis cosillas e intentaré ajusticiar (como bien dice la palabra, hacer justicia con, no me voy a cargar a nadie) a quien o a lo que se me ponga por delante. Lo sé, puede que todo esto interese a poca gente, pero para aquel al que Dios o quien sea no ha concedido el don de la palabra, aquí encuentra un considerable consuelo. Pasen y vean... aunque esperen a que me tape un poquito.
En estos días nos ha dejado uno de los grandes. Nos ha dejado, claro, entre comillas, porque sigue entre nosotros. Con pérdidas tan significativas me hago un poco a la idea de lo que los católicos entienden por ir al cielo: aunque ciertas personas se vayan en lo material, no las podrás olvidar en la vida, por el poso que te dejan y los buenos recuerdos indelebles, que te traen a la boca una sonrisa que te podría desencajar la mandíbula. Juanjo, mi abuela Juanita, mi tío Manolo, mi amigo Víctor, Javier Ormaechea. Este último, Javi, era una explosión de jovialidad, una inyección de vitalidad en vena, ni que decir tiene que el número uno en lo suyo, las relaciones públicas, una fuerza de la naturaleza y elegante hasta para irse. La última vez que hablé con él fue el 3 de diciembre, me llamó para felicitarme por mi santo. Yo le decía que no me llamo Francisco Javier, sino Javier, y él me respondía que eso es como llamarme Asís, porque no se puede partir en dos el nombre de Francisco de Asís. Sirvan estas líneas para decir adiós a un número uno. Hasta la próxima, tu amigo, por un día, Francisco Javier.

Lo que tenemos es lo que queríamos o lo que quiso la mayoría. Ahora la pregunta es: ¿tendremos que soportarlo mucho tiempo? ¿Serán tres años más o se adelantará la cosa? ¿Y qué elegimos: al estulto personaje que lleva las riendas del país o al cansino, perdedor y estancado de la oposición, jefe de la manada acusada de corrupción? IU: No creo, debe estar preparando con el PNV el regreso a la lehendakaritza.